ANÉCDOTA

PRIMERA EMISION PAG. 1

 

 

VILCHES:

 

Mi más cariñoso saludo amigos míos a los que estáis dispuestos a escuchar el relato de mi vida entera; nada menos que una vida de 70 años, que iré contando como es natural, en pequeñas dosis, un ratito cada semana. ¡Me atrevo a aseguraros que os va a entretener! Os la contaré tal y como ha sido sin inventos, ni adornos, pues al lanzar por el aire mis palabras, prometo decir la verdad, toda la verdad y nada más que la verdad.

            Primero escuchareis, mis chiquilladas e inconsciencias naturales de los primeros años. Después romanticismos, anhelos e inquietudes de mi juventud bohemia. Más tarde mis correrías por el mundo, mis épocas de triunfador llevado en volandas por la suerte...  Mis locuras, salpicadas de anécdotas de todas clases…

            Pero antes, quisiera deciros a manera de prólogo el por qué me he decidido a ello.

En muchas ocasiones me decían, por qué no escribe Vd. sus memorias?... Y yo nunca he escrito ni a la familia, ni pensaba hacerlo.

            Un día en Buenos Aires, en agradable reunión, hablábamos, sobre el tema del "Ayer y del Hoy".

            Me atreví a comentar, que nosotros, los de Ayer, hemos gozado de una vida más..., espiritual, llena de ese aroma que nos la hacía más agradable y soñadora. Por ejemplo: Hacíamos un via­je por mar, y durante la travesía llegábamos a hacer grandes amistades; a veces nacían amores, que terminaban en matrimonio... Hoy no. Hoy se mete uno en avión, se llega al otro extremo del mundo en 24 horas y al final del viaje, llegamos, sin conocer siquiera al compañero del asiento de al lado... a quien solo hemos visto de perfil.

            Estas y otras consideraciones hacía yo al respecto, cuando la señora de la casa me dijo: – “Mucho de lo que está Vd. diciendo amigo Vilches, lo he leído, en la autobiografía que acaba de publicar de Stefan Sweig”–

            Me halaga coincidir con ese talento que tanto admiro, pero puedo asegurar que no he leído su obra, y quiero conocerla. Me fuí a una librería de un amigo y paisano, catalán, y mientras me buscaba el libro me dijo: "Ahora se venden mucho las autobiografías, están de moda..., ¿por qué no escribe usted la suya? Se cuentan de usted tantas locuras y ha corrido usted tanto mundo que serían interesantes y además, práctico. Puede que con su libro ganara más que con una de esas películas que está usted haciendo..

            Esta vez me detuve a pensar en ello, pero nunca tenía ocasión. Hasta que por fin ya me cansé de estar lejos de mi patria y decidí regresar para dejar en ella mis huesos, y aquí por fin…, he decidido narrar mi vida, pero no impulsado por el consejo práctico de mi amigo paisano, sino por...un amor! Sí, señores!... Por el amor de mi nieta.

Hace ya 16 años, cuando tenía 4, la dejé en Madrid, con mi mujer y mis hijas, una de ellas su madre.

Mi nieta era una niña muy viva, con una carita achinada, y por ello la llamábamos familiarmente Chiny.

            A mi regreso la encontré ya, hecha una muchacha "moderna" hablaba varios idiomas, practicaba deportes y hasta saboreaba "lukes". Me recibió como a un extraño, no podía tenerme cariño, porque no me conocía.

            Empecé a trabajar con mi compañía, en el teatro Beatriz de Madrid y al lamentarme de que no fuera a verme, me decía, con toda claridad -amarga por cierto para mí- que no le interesaban las comedias..., que las creía pasadas..., que le olían a rancio y que lo único que le interesaba, era el baile, el canto y sobre todo el cine.

            Pero un día que fué a verme; volvió a casa entusiasmada..."Pero... DADDY... -me llamaba Daddy en inglés, porque tal vez cree, que la palabra española abuelo me suena mal- DADDY..., ese chino que acabo de ver, que se ha envenenado ¿eres tú?. No te reconocí ni por un momento, ¡si eres un chino de verdad! que orgullosa me sentía cuando te aplaudían..., y sabes lo que te digo, ¡pues que ahora empiezo a quererte! ¡Tal vez sea porque te admiro!

Me emocionaron sus palabras y su entusiasmo y entonces comprendí, ¡que empezaba a tener nieta...! Poco después asistió, como era natural, a la celebración de mis "Bodas de Oro con al Teatro" y Chiny volvió a casa verdaderamente emocionada y con los ojitos llenos de lágrimas me preguntó: -”Dime DADDY todo lo que te dijo al abrazarte Benavente, de que no creía que tus bodas fueran de oro, porque todo el que habías ganado lo has tirado a manos llenas..., y lo que te dijo el poeta Aradvin, calificándote de “Genio”… y cuantos elogios oímos a los ministros cuando te condecoraban... no era sólo amabilidad? Efectivamente, hija mía; sin duda Ardavin, me llamó "genio" tal vez por no llamarme mal genio acordándose de mi Cascarrabias... Lo que tan graciosamente me dijo el gran Don Jacinto... ¡ay!... fué una amarga verdad dicha con el gracejo que acostumbra…, y cuanto me dijeron todos los compañeros, sólo gentilezas por lo mucho que me quieren y me recuerdan- ¿Y las anécdotas de tu vida que contó García Sanchiz y las que tú también contaste, eran ciertas?.. “Todas ciertas y muchas más que no dije a nadie todavía... "¡Entonces tú  has llevado una vida muy interesante!... ¿Por qué no me las cuentas y así llegaría a hacerme la ilusión de que había vivido siempre a tu lado? Y... por el amor de mi nieta, como dije, es por lo que hoy me decido a contar la historia de mi vida, que por haber sido tan larga como intensa en todas sus manifestaciones, las titulo... ¡LAS VIDAS QUE HE VIVIDO!.

            Yo creo qua ya nací con mi afición al teatro.

            Cuando tenía cinco años empecé a demostrarlo. En Valencia que fué donde pasé parte de mi niñez, mi padre viudo ya y yo, vivíamos en un entresuelo de la calle de Pizarro.

En la esquina de casa casi siempre paraba una viejecita que imploraba la caridad. Un día se me ocurrió ponerme un traje desarrapado y sentándome a su lado me hice el ciego y con la gorra en la mano pedí limosna con ella. Casi todos se apiadaban de mí más que de la viejecita y al poco rato la gorra estaba llena de calderilla… Pero en esto el ciego vió que venía su padre y escapó a correr.

Al poco tiempo, me llevaron al circo a ver una pantomima. Nerón, presenciaba desde un balcón el incendio de Roma…, me impresionó de tal manera que un día que quedé solo en casa quise imitar lo que había visto. Arrollé mi desnudo cuerpo una sábana a manera de clámide; me coloqué en la cabeza. una corona que hice con unas hojas de laurel que había en la cocina sin duda para hacer el estofado, tomé una escoba impregnándola con petróleo que era entonces el combustible con que nos alumbrábamos y salí al bajo balcón en donde a gritos y frases inventadas arengué a los transeúntes que curiosos se detenían oyéndome… También esta vez ví venir a mi padre: mejor dicho, oí la campanilla de la puerta; quise huir ya no me dió tiempo… Para ocultar la escoba ardiendo, en mi azoramiento, la metí detrás de las viejas y resinosas puertas del balcón y las cerré para así poder ahogar la llama de la escoba, pero al instante empezaron a arder y por poco también la casa. Mi padre premió mi representación con una gran ovación de palmadas, tan grande y fuerte que en una semana no me pude sentar cómodamente.

            Mis primeras letras las aprendí en Valencia en el colegio “Patriarca San José”. Mis maestros, fueron dos santos hermanos: Don Domingo y Don Melchor García.

En las fiestas del colegio hacía recitaciones que éllos mismos me enseñaban. Valencia es una región que dá artistas de todas clases y el pueblo es muy dado a las constantes fiestas callejeras. Una de las más populares consiste en levantar una especie de escenario en las esquinas y en ellos los chiquillos, durante las fiestas del Santo Patrón, representan pasajes de su vida en versos valencianos lo que llaman “Los miracles de Sant Visent”. Yo tomé parte en uno y no lo haría tan mal por cuanto mi padre, empezó a comprender mis aficiones y hasta las llegó a proteger.

Después, pasamos a Murcia. Allí cursé mi segunda enseñanza. Vivíamos en un pueblecito situado a un par de leguas de la capital llamado Aljucer; en una gran casona rodeada de jardín y huerto que mi padre había heredado del suyo; tanto mi abuelo como mi padre eran de Lorca. Mi abuelo médico y catedrático de la Universidad de Granada. Mi padre, sobrino del famoso poeta de aquella época Don José Selgas salió más bien con las aficiones de su tío, dedicándose a la literatura, la música y todo cuanto se relacionara con el arte en general.

Mi madre nació en Cebú (Filipinas), pues era hija de un capitán de fragata allí destinado al cañonero Bidasoa. Estando después mi abuelo materno en Tarragona de comandante del puerto fueron mis padres y allí abrí yo los ojos a la vida al mismo tiempo que mi pobre madre los cerró para siempre para dármela a mi. Injusto Destino que permitió este cambio y no pude gozar de la ternura de una madre.

            La mayor desgracia del mundo.

            A los ocho años de viudez mi padre se casó con una valenciana tan preciosa como buena. Pura, se llamaba Pura, y pura y limpia era su vida por su bondad.

En el precioso huerto que teníamos en Aljucer fué mi padre el que fomentó mi irresistible afición al teatro pues en medio de la plazoleta del jardín me construyó un escenario formado de cañas y hasta me pintó los telones…   Ante la inocente concurrencia de los vecinos y labradores representaba sainetes de Don Ramón de la Cruz, de Cervantes y hasta de algunos escritos por mi padre los domingos, y yo..., encantado de poder divertir a todos y de esta manera seguí con mi afición al teatro.

 

FRANCH:

 

La próxima semana D. Ernesto Vilches, les contará a Vds. En esta serie de programas que patrocina la marca Hispano Olivetti, como siguió sus pasos por esta vocación arrebatadora, incontenible y venenosa del teatro, y de qué manera tan original ganó sus primeras pesetas.

 

SONIDO:       

 

MAQUINA DE CALCULAR CON LIGA DE ESCRIBIR Y FINAL

 
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